martes 5 de enero de 2010

De Arena


El sol finalmente dejó de quemar sus delicadas pieles
Y sus pequeñas manos siguieron dando forma a la arena
Torrecitas, puentecitos, escaleritas y muritos

Y el mar que no entiende de ilusiones
Llegó de golpe y dejó el castillo de hadas y dragones
Convertido en un montoncito de arena mojada

Y los niños mojaron sus ojos también
Mientras miraban ese apasionado pedazo de mar alejarse
Silencioso y rápido (como culpable)

Como el resentimiento dura poco en el corazón de los niños
Ellos retomaron la tarea con vehemencia, amor y dedicación
Sin fijarse en el caprichoso, avieso, silencioso y rápido “pedazo de mar”

***
Así somos un poco tú y yo
La arena: lo que sentimos
El mar: las circunstancias
Lo cierto: que así es la vida
Lo triste: que ya no somos niños
Lo feliz: que mientras quede "arena" podemos volver a empezar...

martes 15 de diciembre de 2009

Liando bártulos


Pronto las cajas de cartón estarán llenas de cosas que me atan al pedazo de tiempo que más amo: mi vida.
Tiraré la mitad de todo a la basura y me quedaré mirando la tierrita que nunca llegué a limpiar en algún rincón de mi habitación.
Me mudo!

Dejando mis buenas vibras, recuerdos de colores y algunos sueños en el espacio que encontró mi independencia.

Para que alguien más lo ocupe y llegue como yo, años atrás, con la esperanza de cambiar el mundo, cambiando.


Por cierto, cómo pesan mis libros!

martes 1 de diciembre de 2009

Fue Teté


A veces las mujeres hacemos o decimos cosas sin aparente sentido....
(Perdón. Antes de que mis cogéneres me odien o dejen de seguir este blog, aunque me refiera a la mayoría de nosotras, hablaré por mí y aquí voy de nuevo)
A veces hago y digo cosas sin aparente sentido. Un chiste puede irritarme y un piropo sonarme a insulto, sin lógica o causa racional.
A veces digo "no" cuando soy un tremendo sí.
En ocasiones un "Ok" que salga de mi boca puede ser la antesala a una paz armada y un suspiro largo puede significar la peor muestra de desprecio y subestimación de quien tenga en frente.
Inclusive me daría miedo ser hombre y que mi novia pregunte: "¿estoy gorda?" o "¿esto me queda bien?" Pavor!

Si hasta aquí, alguna lectora se sintió identificada, puedo decirle que por eso la mayoría de los hombres nos confunde con locas.
Ni qué decir de nuestra conducta cuando tenemos el periodo.
Caballeros, si hay mujeres cerca comiendo chocolate con desenfreno o quejándose de cólicos, es una alerta de periodo menstrual inminente. Mi consejo, por su bien, es que cuiden de sus palabras, miradas, gestos, respiración y el largo etcétera.
(Dicen que durante el embarazo los síntomas del periodo son descomunalmente superiores. Pero no me atreveré a hablar de las valientes que pasaron por esta hermosa y accidentada etapa, porque ni he pasado por ella y no estaría aquí de no haber sido porque causé antojos, vómitos y soponcios de mi madre cuando estuve en su panza, punto).
A lo que iba con todo este vergonzoso recuento es que no se trata de locura lo de nosotras las mujeres, sino de ciclos hormonales que nos desestabilizan emocionalmente.

Desde hace algunos meses empecé a reconocer los míos y noté que puedo ser una destructora de egos, asesina de ilusiones o la peor de las ingratas cuando estoy con el bajón hormonal encima (suele coincidir con el periodo). Mi timeline en twitter*, me ha delatado muchas veces de que estoy atravesando el más indecentemente bajo y jodido nivel hormonal del mes o la semana (sí, a veces es semanal).

Recientemente, alguien muy especial para mí, bautizó esta etapa como "el hormonazo" y yo a cambio de tan acertado nombre, publico este post y me comprometo a reconocer mis ciclos hormonales para:

1.- No fastidiarle la existencia a mi prójimo; y
2.- Si llegara a hacerlo explicar que no se trata de locura si no de " el hormonazo". Es decir, yo no fui, fue Teté, pégale, pégale que ella fue!


Y san se acabó. Las mujeres no estamos locas... aunque aceptaría vivir una sana locura de amor de vez en cuando....

*status en 140 caracteres, para quienes no usan twitter
**La genial Maitena con su elocuente ilustración acompaña mi post

jueves 26 de noviembre de 2009

Manual para ser feliz


Hace poco Bere me dijo "¿has visto que todos venimos falladitos?"

La pregunta hubiera pasado como cualquier comentario aislado, si no hubiera sido por la botella de vino que nos acompañaba y demandaba una conversación "seria".

Entonces nos embarcamos en un debate de adultos y por unos minutos psicoanalizamos las tipologías de cada individuo, las taras, miedos y todas aquellas barreras mentales que impidiera a la humanidad toda ser FELIZ.

Yo, alternando vino con queso y Bere, sumándole humo de tabaco; llegamos a la conclusión de que hay gente que simplemente no quiere ser feliz, quie son los "falladitos sin remedio", la mercadería con yaya imposible de zurcir. Luego dijimos salud! y pasamos a temas picantes, que no contaré hoy.

Cuando Bere se fue, aún quedaba vino y queso en cantidades de tragantona. Yo llevé copa y botella a mi habitación y me quedé mirando el techo pensando en que sería interesante escribir un "Manual para ser Feliz" y que si lo hiciera este empezaría con algo así...


"En vista de que el concepto felicidad no es igual para todos, digamos que son la sumatoria de los instantes de tranquilidad y beneplácito que transcurren en nuestras vidas. Por lo tanto, el primer paso para ser feliz es comer rico..."


Entonces me puse de pie decidida a capturar un instante de tranquilidad y beneplácito. Me acerqué a la mesa, corté el queso y me puse un trocito dentro de la boca. Cerré los ojos y lo saboreé como si fuera el último de mi vida...


***

Antes de irme a la cama, repetí el ritual del queso unas 20 veces y me dormí pensando en la idea de escribir el manual ese, preguntándome si alguien lo leería...

miércoles 21 de octubre de 2009

encuentro



Si pudiera repetir un instante...

sería aquel, en que después de un profundo abrazo,
mil conversaciones en la cabeza,
nervios, sudor,
pasión en pausa,
kilómetros de distancia,
el encuentro imaginado,
las palabras aprendidas,
temor,
besos,
ternura,
nervios (de nuevo),
deseo, amor...


rompiste el silencio mirándome a los ojos, diciendo: estás aquí...



estás aquí y no "sos" una foto



*la imagen es “El Beso” de Francesco Hayez cuya réplica miro siempre en casa de Alis, deseando ser la dama... no encontré mejor para este post.

martes 8 de septiembre de 2009

De Lejos


A escucharte con los ojos y tocarte con las palabras
A entregarme a tu fantasía y a extrañar tu ausencia
A que me toque tu voz…
y me estremezca mirarte en dos dimensiones.

Así te aprendí
Así me vuelvo loca por ti.


***
Que si, de lejos, felices dos, tres o cuatro
…felices por lo menos.

viernes 28 de agosto de 2009

Muuuuuuu!


Cuando era niña, una desafortunada enfermedad emotiva se manifestó en mi piel.
Junto a mi rolliza anatomía, esta enfermedad me hizo acreedora a un apodo que en su momento odié y que generó en mí un colosal complejo de fealdad: me llamaban “vaquita”.

Me llamaban vaquita, sí. Pues resultó que a consecuencia de una prematura “ansiedad infantil” y extrema emotividad (desde niña fui una intensa) mi piel se despigmentaba al contacto con colonia, jabón, maquillaje (me pintaban la cara para bailar marinera) y demás sustancias que no recuerdo bien. Era una especie de vitiligo del que nada quedó (salvo en recónditos lugares) después de un doloroso tratamiento.

Me deshice de aquel mal, pero me quedé con los rollitos y el apodo y desde entonces adquirí el complejo de “gordita” y la reticencia a comer carne de vaca. La pre-pubertad fue difícil.

***
“Ahí viene la gordis”, decía el profesor de natación y yo a veces lloraba en la piscina para que nadie me viera. Yo que jugaba con mis muñecas Barbie, envidiando su esbeltez.

***
Ahora que mi gordura se acomodó armoniosamente, me dicen otras cosas por la calle (que no me hacen llorar precisamente). Pero mi estómago, aparentemente, quedó resentido con el apodo “vaquita” y de un momento a otro se negó a digerir la lactosa.

Hoy me miro al espejo, con o sin ropa y entiendo que la belleza es sólo el reflejo del amor propio en su justa medida.... y frente a mí misma de pronto una voz interna me dice: ahora que ya te amas, estás lista para amar.

viernes 7 de agosto de 2009

Twinkle!



Hace poco desperté con resaca de pena: ojos hinchados, corazón oprimido y ganas de nadie; repasando un tango que yo misma escribí y canté para mí sola; inflando de nuevo el globo de la ilusión. Desperté esperando milagros.
Tras la catarsis nocturna de aquella pena, una esperada visita me restauró la sonrisa.
Entre medias palabras, besos, abrazos y juegos fui consolada.
Luego de mucha risa, un poco de tv y galletas dulces, nos quedamos dormidos (él y yo).

Desperté y le tomé una foto (él seguía durmiendo). Luego lo besé en la frente y su olor me llegó a la sangre. Fui corriendo por mi blackberry y escribí en el Twitter: “quiero ser mamá”.

Susurré su canción favorita “twinkle, twinkle, little star” y despertó.
Extrañado miró a su alrededor hasta que se encontró conmigo y sonrió. Me abrazó y rebauticé a la felicidad con su nombre (en ese instante de manos pequeñas en mi cuello, babita hidratante y pañales por cambiar que huelen rico).


Compartimos una manzana y se hizo una pausa en mi vida toda queriendo repetir el momento una y otra vez...

...cuando se fue lo dejé llevarse mi preciado muñeco del Chavo del 8, con increíble gusto.

***

Volví a llorar.


***
Ese rayito de luz que acabó con mi día gris, apenas tiene 2 años y se llama Octavio. Siempre está aquí, en este blog, a la mano derecha y tocando pasto por primera vez.


Subí la foto al cyberespacio y la titulé: el reposo del guerrero

jueves 30 de julio de 2009

En mi sofá


Presurosa busqué en mi cartera la lima de uñas y bajo su anuente mirada, tomé su mano y limé una a una sus uñas, distrayéndome sólo para encontrarme detrás de sus pupilas.

Terminada la cuidadosa tarea, tomé de mi cartera -sí, mi eterna cartera - loción hidratante. La puse sobre sus manos masajeándolas amorosamente, procurando que mi fragancia favorita le diga mi nombre cuando recueste su mejilla en su mano o se rasque la nariz.

Lo miré fijamente de nuevo, y su sonrisa como una mueca, según entendí, me hizo una invitación adicional a la que gustosa accedí.

Y, sentada cómodamente a su lado, en el sofá, tomé su mano derecha, la acerqué a mi boca y besé la punta de cada uno de sus dedos. El ritual demandaba silencio y, sin excusarme, proseguí con la siguiente mano.

Aterrada ante la inminente conclusión de la tarea, me detuve antes de besar el último de sus dedos: el meñique.

Miré aquel dedo menor con ansias, pena y hambre; y lo metí en mi boca como si fuera un caramelo. Aquella inusual circunstancia nos presentó a dos nuevos protagonistas: su dedo y mi lengua, como dos amantes entregados al éxtasis, a la oscuridad, al calor y la humedad de una boca ávida de besos, como un lecho conquistado por cupido.


***

Desperté!

Tratando de repasar aquel maravilloso sueño, busqué primero la lima de uñas en mi cartera. Cuando la encontré sonreí, la apreté fuerte, cerré los ojos e imaginé el desenlace de aquel juego sensual... pensando en él.

***

Él, que un día entró y se sentó en el sofá más cómodo de mi mente y desde entonces no hace más que beber café con mis ideas, enamorándolas, dándoles dulce de leche en la boca...
Imagen: Girl on the Sofa - Stephen de Las Heras

martes 21 de julio de 2009

Sentimiento Cartesiano


Duelo, luego existo.