
Una vez soñé que tenía urgente necesidad de beber café* y que no tenía donde servirlo. Para mi suerte, me encontré una taza, simple y pequeña pero con el asa rota.
La limpié un poco y feliz yo con mi taza fui andando por el sendero incoloro y desenfocado de mi sueño.
Luego, a mi paso vi otra taza igual de simple y pequeña pero con el asa intacta. Tiré la que tenía y me quedé con la buena.
Más allá, encontré una igual de buena pero más grande. Después, una de colores.
Al tiempo que encontraba algo mejor, me iba yo deshaciendo de las demás tazas para quedarme con las versiones mejoradas.
Hasta que encontré una muy especial: no muy grande, no muy linda, pero entera y, lo más notable, con mi nombre.
Entonces resolví dejar de andar, sentarme y quedarme con la taza aquella. ¡Hecha para mí!
Y ahí sentada, contemplándola me di cuenta que no tenía café para beber, ni quien me lo prepare o sirva. De brazos cruzados vi mi felicidad esfumarse.
Fue uno de esos sueños inconclusos que me abren los ojos a la fuerza y me inyectan de ansiedad (como cuando sueño con aquellos a cuyas vidas llegué tarde).
Lo recordé por una conversación que tuve con M acerca de sus (no muy gratas) recientes conquistas y mi odiosa e imperiosa necesidad de acudir a las analogías para intentar entender la vida.
Mirando sus papas fritas y con desaliento me dijo: “Rous, aunque me quede más solo que un perro, voy a borrar a estas personas de mi lista de posibles candidatas”
A mí me toca ahora, aprovecharme de mi sueño, de mazapán y mis adoradas analogías para aconsejarlo:
Querido M sigue andando. Encuentra la taza con tu nombre pero recuerda además que debes calentar el agua para preparar el café que más te guste para que puedas después... disfrutarlo en ella, sorbo a sorbo.
* Hola me llamo Rous y soy cafeinómana (aquí es donde todos los demás dicen: "Hola Rous")
**Me acompañaron escribiendo este post: Supertramp y su tema Oh Darling! (repetido "n" veces en mi ipod) y una buena taza de expresso doble, por supuesto.
***La imagen la tomé prestada, yo muy fresca y sin permiso, de Melina.