
Acabo de recibir una llamada de un personaje que me dijo: fumaste de la mala. Según él porque publiqué una foto de mi Troll peliverde, un post que habla de cuando jugué a la botella borracha, otro de cuando me hicieron cornuda y por hablar del corazón-hormiga. Me habló de esas cuatro cosas y yo le contesté: pavo (con el perdón de la noble ave). Se indignó. Entonces corregí: gallina. Ahí se empezó a reir.
“Eso no es nada, reanudé. El fin de semana me fui a Arequipa para ver un volcán o tres, removerme la cutícula en un salón characato*, comer solterito**, agarrar un palo de golf y darle a las bolas, disfrutar de un imam bayildi con cous cous***, hacer chanchería con toffes blandos y además oir decir a Mamá Tru que quiere comerse a un japonés” le conté. Volvió a ponerse serio.
Entonces para molestarlo más le confesé que tenía en el cenicero de mi carro una chicharrita**** que me dejó de recuerdo un amigo muy querido, del que me habría enamorado, si no fuera que a él le gustan los hombres. A estas alturas el muy pánfilo se quedó mudo. “Y, además… creo que sí era de la mala”, acoté. Me colgó.
Lo volví a llamar y le dije: “adiós groserito” y luego yo le colgué. Luego me puse a buscar un palo de tejer o algo más puntiagudo para ir corriendo a reventar la burbuja en la que vive este chico para que salga y respire del mundo real, de la calle, la lleca, la esquina y demás. Para que finalmente dejen de venderle el mar. Pero no encontré nada.
“Mejor le envío un ramo de rosas con espinas y chocolates para diabéticos”, pensé. A ver si así me perdona que le haya dicho pavo. A ver si así me perdona que sea como soy porque yo ya le perdoné que sea como es y así quedaríamos a mano.
“Eso no es nada, reanudé. El fin de semana me fui a Arequipa para ver un volcán o tres, removerme la cutícula en un salón characato*, comer solterito**, agarrar un palo de golf y darle a las bolas, disfrutar de un imam bayildi con cous cous***, hacer chanchería con toffes blandos y además oir decir a Mamá Tru que quiere comerse a un japonés” le conté. Volvió a ponerse serio.

Entonces para molestarlo más le confesé que tenía en el cenicero de mi carro una chicharrita**** que me dejó de recuerdo un amigo muy querido, del que me habría enamorado, si no fuera que a él le gustan los hombres. A estas alturas el muy pánfilo se quedó mudo. “Y, además… creo que sí era de la mala”, acoté. Me colgó.
Lo volví a llamar y le dije: “adiós groserito” y luego yo le colgué. Luego me puse a buscar un palo de tejer o algo más puntiagudo para ir corriendo a reventar la burbuja en la que vive este chico para que salga y respire del mundo real, de la calle, la lleca, la esquina y demás. Para que finalmente dejen de venderle el mar. Pero no encontré nada.
“Mejor le envío un ramo de rosas con espinas y chocolates para diabéticos”, pensé. A ver si así me perdona que le haya dicho pavo. A ver si así me perdona que sea como soy porque yo ya le perdoné que sea como es y así quedaríamos a mano.
*characato: arequipeño
**solterito: plato típico a base de habas, choclo, tomate, cebolla y queso, con aceite de oliva y vinagre.
***Imam Bayaldi, el de la imagen no tiene cous cous: Es un platillo turco de berenjena y otras verduritas bondadosas.
****chicharrita: cigarrillo de marihuana que ya está en las últimas. 